miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cocina e impresiones

Dice la prensa: "Científicos crean un prototipo de impresora de comida". La entradilla continúa: "Investigadores trabajan en una máquina capaz de 'imprimir' alimentos a gusto del usuario" Y se pregunta: "¿Tienen futuro las impresoras de comida?"

La prensa, como la sociedad en general, siente fascinación por la ciencia y la técnica. Cada cierto tiempo, reproduciendo artículos de revistas especializadas, nos comunica "avances" en estas áreas y en los más variados campos de la vida natural o social. El relato periodístico tiende a ser descriptivo y acrítico: lo que narra es simplemente la evolución normal de una práctica racional a la cual se le supone una trayectoria en permanente perfeccionamiento. A veces pueden estos relatos mostrar cierta inquietud por los productos tecnocientíficos pero es momentánea puesto que la suma y resta de los aciertos y desaciertos siempre da como ganador a los primeros. Vamos por el buen camino que nos llevará, vía desarrollo tecnológico, a la buena sociedad. La voluntad tecnológica arrasa el sentido común.

Esta impresora de comida permitirá que se "introduzcan 'tintas' del alimento crudo en la parte superior de la máquina, se 'descargue' la receta -o ‘FabApp’- y que la máquina haga el resto. FabApps le permitiría modificar a su gusto los alimentos, la textura y otras propiedades', afirma el doctor Ian Jeffrey Lipton, quien lidera el proyecto"

Pero dejar a la tecnociencia y a  la industria asociada a ella sin control social conduce a todos los desvaríos y a las mayores estupideces. Permite que las prácticas científicas se dirijan hacia territorios banales justificados sólo por las promesas de rentabilidad económica futura para los laboratorios que financian los proyectos. El famoso I + D + I,  mantra de las políticas públicas de desarrollo tecnológico, no distingue entre proyectos: todo vale mientras existan esas promesas "y se cree empleo". El sistema educativo y formativo participará aportando las competencias humanas necesarias para que los engranajes y los chips continúen funcionando.

Pero: ¿dentro de qué jerarquía de valores y necesidades colectivas un desarrollo como el de la impresora de alimentos es relevante? ¿dónde se encuentra el bien común que justifique la inversión de recursos sociales en este campo, abandonando otros? ¿quién legitima seguir en los procesos de tecnologización, industrialización y mercantilización de prácticas sociales como la alimentación y la cocina?

Pero no hay dirección ni sentidos socioteconológicos únicos. Para cada práctica tecnocientífica hegemónica es posible pensar en alternativas contrahegemónicas. Para cada delirio del poder tecnocentífico es posible oponer razones comunitarias. Para cada codificación y tecnologización vertical de las prácticas sociales es posible pensar en procesos horizontales y participativos.

“¿Qué pasaría si usted pudiera recibir la tarta de manzana casera de su mamá enviada por correo electrónico y con la posibilidad de imprimir el plato en casa?", pregunta el científico. No se a usted pero a mí me daría un poquito de asquito.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Socialismo, renegados y barbarie

En medio de la obscena ofensiva, política y comunicacional, del gobierno español, destinada a cargar sobre los hombros de los trabajadores las consecuencias de una crisis del capital financiero, Marcelino Iglesias, número tres del PSOE dice que “no hay nada más socialista” que ampliar la edad de jubilación hasta los sesenta y siete años.

Apelar al socialismo desde un partido político cuya tarea, ahora deficitaria, ha sido desde hace más de tres décadas la gestión de la modernización capitalista española es pura demagogia. A esa que nos tenía acostumbrado, en sus tiempos de oro, Alfonso Guerra con la apelación a sus “descamisados”

El término socialismo ha perdido valor utópico por dos motivos: por el rotundo fracaso de las experiencias totalitarias que se desarrollaron en su nombre a lo largo del siglo pasado y por la inmoral apropiación de éste por parte de partidos de centro derecha, como el PSOE, residuos de una socialdemocracia alguna vez digna.

Desde la debacle del socialismo real el desmontaje de toda idea socialista ha sido realizado de forma tenaz principalmente por sus defensores otrora. Durante más de tres décadas, en todo el mundo, grupos e individuos que se declaraban de izquierdas abjuraron de sus principios socialistas y se convirtieron en administradores más o menos eficaces de un capitalismo único y globalizado. En primera fila encontramos a los más dogmáticos y puristas revolucionarios, expertos en purgas internas y guardianes de las más diversas ortodoxias marxistas, que pasaron, sin grandes dificultades al parecer, desde el Comité Central a los Consejos de Administración de grandes empresas. O desde el oscuro catecismo leninista a la rutilante jerga del management que, entre otras cosas, les propuso, exitósamente, cambiar el sujeto revolucionario colectivo por el emprendedor individualista.

Con diversos grados de negación de sus anteriores convicciones, ya sea en la oposición o como gobernantes, hicieron del mercado su nuevo fetiche. Sacrificaron la igualdad y la fraternidad de la ética socialista en el altar de una libertad entendida en el sentido del ideario liberal recuperado. Toda una generación de políticos de izquierda transitó por un aburrido camino de reformas cosméticas a un sistema que al final vuelve a mostrar sus fauces.

Apostatas y conversos de todo tipo comunicaron, urbi et orbi, su cambio de fe. Una parte importante decidió, en diferentes oleadas, formar parte, por ejemplo en España, del grupo de choque ideológico de la derecha más ultramontana. Fueron recibidos en el seno de ésta como el regreso del hijo pródigo al hogar familiar.

Ya sea como huestes ideológicas o administradores acríticos del sistema esta generación de renegados han sido responsables del vaciamiento y expulsión del campo social de toda idea progresista y solidaria, no sólo la socialista. Han sido los responsables del agotamiento de la energía utópica una de cuyas consecuencias  es la preparación del camino para el retorno de los fascismos soterrados durante décadas, intramuros ya de la ciudad democrática.

Junto a esta izquierda entreguista ha sobrevivido otra, dogmática y refractaria a las evidencias de los desastres históricos de los infiernos socialistas reales y/o asentada en cuerpos teóricos desfasados incapaces de dar cuenta de la actual sociedad tecnologizada y sus particulares mecanismos de exclusión y daño medioambiental.

La barbarie probable a la que nos enfrentaremos en las próximas décadas hace necesaria propuestas políticas contrahegemónicas que no emerjan de un centro rector sino desde zonas ampliadas de respuestas, combinado los enfrentamientos al Todo con la construcción, aquí y ahora, de espacios existenciales, económicos e informativos autónomos. La oposición a la razón única exige la articulación de las diversas razones de los subordinados en estrategias que expresen lo común de lo diverso. “No hay verdades únicas ni luchas finales, pero aún podemos orientarnos mediante las verdades posibles contra las verdades evidentes y luchar contra ellas. Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla. Pero es imposible contemplar el Mal y no reconocerlo. El Bien no existe, pero el Mal me parece o me temo que sí” (Manuel Vázquez Montalbán)

Los que nunca comulgamos en la iglesia leninista; los que mantuvimos y mantenemos un razonable escepticismo frente a los proyectos de salvación colectiva o que imaginábamos, en todo caso, una sociedad y una práctica política horizontal, participativa, libertaria y solidaria, lejos, muy lejos del ideario burocrático y autoritario, quizás podamos ofrecer al desvaído imaginario progresista una reinvención de la esperanza utópica y del ideal de cambio. Ambos necesarios para revitalizar los terrenos yermos de esperanzas que dejaron las traiciones entreguistas y totalitarias. 

martes, 21 de diciembre de 2010

Nauseas

Dice la prensa: "El diputado e integrante de la comisión de Relaciones Exteriores de la cámara baja, Jorge Tarud (PPD) destacó este domingo que el rescate de los 33 mineros de la mina San José fue lo más positivo en materia internacional este 2010 “dando una imagen positiva a Chile”, en cambio lo malo, dijo, fueron las declaraciones de algunos políticos y de opinólogos que plantearon regalar territorio a Bolivia"

Uno ya no sabe hacia qué lado vomitar: si hacia la derecha o hacia la izquierda, de la taza del WC. Cualquier politiquillo se arroga el derecho de hablar y sentar cátedra sobre cuestiones de imagen. Este ha traducido, una cuasi tragedia en un hecho comunicacional y lo juzga de acuerdo a criterios de rentabilidad en imagen. Las miserias de la clase política alcanzan cotas sublimes. Y la colonización del discurso, supuestamente progresista, por la terminología y los conceptos mercantilistas, también. Los ochenta y un muertos calcinados: ¿los ponemos en el debe o en el haber de la imagen país? ¿evaluaremos el porqué de los muertos o la gestión mediática del suceso? ¿es un drama en sí mismo o por lo que resta a la reciente gesta del rescate?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Debajo de la alfombra


Todas las sociedades esconden algo de sí mismas. Todas tienen algo impronunciable, una parte maldita. Todas tienen una alfombra para cubrir las inmundicias que ella mismas producen. Las zonas oscuras están allí como parte de la vida social. La democracia, en el sentido amplio y digno de esta palabra, como derechos y deberes de las mayorías y minorías, implica precisamente la voluntad de ampliar las zonas iluminadas. Existe una correlación directa entre democracia y disminución de los espacios en tinieblas. El claroscuro está políticamente condicionado.

Como las personas, las sociedades no pueden convivir mucho tiempo, sin costes, con la represión de sus zonas de oscuridad. Lo reprimido, terrible e incómodo, siempre emerge por algún lado, generalmente bajo la forma de explosión incontrolada. En Chile, país particularmente noticioso en el último año, la alternancia de los claroscuros ha sido muy significativa. Un terremoto, un rescate in extremis de treinta y tres mineros y, recientemente, la horrible muerte de ochenta y un reclusos en la saturada prisión de San Miguel.

Los capitalismos periféricos emergentes como el chileno asientan sus aparentes luminosidades sobre dos grandes deudas, que constituyen sus zonas oscuras: la ecológica y la social. La primera, derivada de la imposición del crecimiento económico a toda costa sobre la naturaleza, conducirá previsiblemente a un  desastre medioambiental en las próximas décadas. La segunda, la deuda social, se expresa en las enormes desigualdades de ingreso y de bienestar entre la población chilena indudablemente, pero también, dentro de la misma lógica de exclusión de clases, en la existencia de una de las poblaciones penales, en proporción a su población total, más altas del mundo. Dicho claramente: el luminoso modelo chileno se asienta sobre la oscuridad de las cárceles en las que ha confinado a una parte importante de sus habitantes a partir de la clásica estrategia de criminalización de la pobreza.

Este modelo de acumulación tiene su correspondiente modelo judicial, basado en simplonas teorías económicas liberales y de corte individualista, que ha ampliado los criterios constitutivos de delitos y las penas asociadas a ellos. La práctica de la "mano dura", tan vieja y rancia como la ideología que la sustenta, insiste ahora aumentar el número de cárceles. Pero el problema no son las cárceles pequeñas sino el exceso de reclusos. El problema no radica en optimizar su gestión, privatizándolas por ejemplo, sino en modificar las condiciones de posibilidad de la producción de reclusos: es decir causas económicas, sociales, culturales y judiciales. Nada nuevo: ideología progresista básica, ética y sentido común.. Pero ¡qué difícil es ser mínimamente razonable en los tiempos que corren!

jueves, 9 de diciembre de 2010

La última hormiga


Presionado por los innumerables emails y comentarios que han llegado a esta redacción, respondo a aquellas preguntas que se interesan por el origen del nombre del blog. Este procede de un poema de Enrique Lihn, poeta chileno por quién sentí en su momento verdadera devoción. Eran los años duros y oscuros de una dictadura que parecía eterna y cuyo hedor se colaba por todos los intersticios de nuestras vidas.

El poema, titulado Rimbaud, es una autocrítica al oficio poético: vicio inútil y gran responsable del exceso de palabras y retórica que soportan todas las cosas, incluyendo la última hormiga, según el escritor. El abandono del oficio por el poeta francés a temprana edad le sirve a Lihn para reflexionar sobre el sentido de, a pesar de todo, seguir escribiendo. Dice en el poema:

Poesía culpable quizás de lo que existe
Cuánta palabra en cada cosa
qué exceso de retórica hasta en la última hormiga
Pero en definitiva él botó esta basura
su sombrero feroz en el bosque.

El libro, La musiquilla de las pobres esferas, donde Lihn cobijó su texto, me acompañó durante un largo período en mi bolsillo de estudiante. Días cabizbajos y sin destino: soportables, sin embargo, por la presencia de la amistad, del amor y, probablemente, también por la de ese sombrero feroz que, con el transcurrir de los años, también abandonamos, no sabemos dónde.

La evidencia de la redundancia, presente ya en la época de Rimbaud y, por supuesto, en la época de Lihn, es ahora, en estos tiempos digitalizados, superlativa. Vivimos rodeados de palabras: comemos palabras y la defecamos en un ciclo perverso y ciego. Todo es convertible en palabra: signos y códigos que circulan produciendo más ruido que música de esferas. La bulimia del verbo a la vez nos seduce y nos da nauseas. Sin embargo, contra toda evidencia y por nuestra cuenta y riesgo escribimos, impúnemente, añadiendo un peso más sobre la espalda de la pobre hormiga.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Sopas de plásticos (1)


Cuentan que Charles Moore, oceanógrafo, en un viaje después de participar en una competición marina, se desvió de su ruta  por el Pacífico Norte y se encontró con una densa masa de plásticos flotantes. Todo tipo de envases y objetos de plástico se movían lentamente sobre la superficie del mar formando una espesa sopa de residuos multicolores. Esos residuos, eran y son, la consecuencia de la deglución voraz de los objetos de consumo por las sociedades situadas alrededor de esa zona del pacífico, EEUU y Japón principalmente, a los que se añaden los desechos de los grandes barcos. Recientes investigaciones han concluido que también existen estas bolsa de basuras flotantes en otros lugares como en el Atlántico Norte y en otras zonas donde las corrientes configuran  “giros” oceánicos.

Cumpliendo rigurosamente con una de las leyes de la ecología propuestas por Barry Commoner, la cual dice que "todas las cosas han de ir a parar a alguna parte”, los residuos producidos tierra adentro, van a parar a través de los ríos, al mar. Se trata de plásticos fotodegradables que se desintegran en pedazos más pequeños hasta llegar a nivel molecular, pudiendo ser ingeridos por diversos tipos de animales marinos, entrando de esta manera en la cadena alimenticia de la cual los seres humanos formamos parte. Aunque pueden llegar alcanzar niveles microscópicos permanecen siendo polímeros que, por sus particulares características químicas, pueden tener consecuencias impredecibles para todos los organismos vivos.

Los materiales plásticos forman parte de la civilización industrial en general y del capitalismo en particular. La civilización del petróleo es también la civilización del plástico. Precísamente en la plasticidad o maleabilidad  de estos materiales se expresa, metafóricamente, la demanda de maleabilidad universal necesaria para la producción masiva del capitalismo industrial, voraz en sus intenciones y ciego en la previsión de las consecuencias de sus acciones. Las sopas de basuras desperdigadas por los océanos, imagen del horror tecnoindustrial, son una de las consecuencias de esta ceguera.

Para saber más sobre este tema se pueden visitar las siguientes páginas:

madrid+d
miprvcom
Greenpeace

jueves, 2 de diciembre de 2010

Whisky

"Whisky" es una excelente película uruguaya. La vimos nuevamente la pasada noche. Es una película sobre la decadencia, la rutina y la distancia interpersonal, pero con puerta de salida. No toca la tristeza porque esta queda excedida por una cotidianeidad gris, monocorde y maquinal. Jacobo hace muchos años que cerrró los ojos a todo lo que no fuera su limitada y rancia vida. Marta lo ha acompañado desde la más cercana de las distancias posibles o, al revés, desde la más distante de las cercanías, hasta que Jacobo, a partir del juego de las casualidades, decide participar en su liberación.

La película, sin embargo,  no puede dejar de leerse sin una información adicional: poco tiempo después de su estreno y de recibir muchos premios internacionales, entre ellos el Goya 2005,  uno de sus directores, Juan Pablo Rebella, se suicida en su apartamento de Montevideo. Tenía 36 años. Para él no hubo puerta de salida, o tal vez sí, pero para otro lugar.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Filtraciones

Las inmundicias, con el agua, se filtran. Ahora son las cacas de la política norteamericana las que rezuman desde las alcantarillas mediáticas. A podrido huele en todas partes pero, al parecer, no en Dinamarca. O no todavía; quién sabe. Nada que no se intuyera que hacía y hace el amo del mundo y otros amos menores. Lo manifiesto rubrica lo supuesto.

Ahora que Wikileaks ha abierto la caja de pandora, viene el trabajo periodístico. Javier Moreno, Director de El País, dice explícitamente que irán extrayendo, desde el sustrato informativo de los documentos revelados, "las historias que sean relevantes para la opiníón pública". La construcción mediática y, por lo tanto mediada, del acontecimiento político ha comenzado a partir de la alianza entre Le Monde, El País, The Guardian  y otros medios. Nos encontraremos con historias filtradas, interpretadas y, pausadamente publicadas de acuerdo a sus intereses comerciales, por algunos de los grandes soportes de información mundiales.

Los espías están para espiar pero uno esperaba que trabajaran mejor, que para eso les pagan y, según dicen, bien. Finanzas de pacotilla, políticos idem, espías que ya ni te cuento y empresas periodísticas oportunistas. Esto va de mal en peor.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sonrisas

Yeboah, africano de Ghana, habla tres idiomas y no tiene esperanzas. Las tuvo, pero ahora no. Gasta los días repitiendo "buenos días señor" " buenos días señora" mecánicamente, pero con una sonrisa transparente, a todos los que salen del supermercado del barrio. Yeboah vive de sus limosnas pero sigue sonriendo. Estudió hasta segundo curso de Ingeniería en la Universidad, en Accra su ciudad natal. Pero Ghana es uno de los países más pobres del mundo. Por eso Yeboah un día decidió que había que emigrar y viajó miles de kilómetros cruzando desiertos y selvas hasta llegar Mauritania. Desde allí una frágil embarcación lo dejó, muerto de frío, una noche en las costas de Canarias. Yeboah, es ahora un inmigrante irregular en Madrid. No tiene papeles y no puede trabajar; no puede trabajar porque no tiene papeles. Está atrapado en la circularidad del infierno administrativo y en un limbo existencial. No hay movimiento posible: ni hacia atrás ni hacia adelante y siempre en los márgenes. Yeboah no tiene esperanzas pero sigue sonriendo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Estúpidos xenófobos

La estúpida xenofobia se ha normalizado en el discurso social. La diferencia entre los distintos sujetos políticos es de tono o intensidad, no de fondo. En España y particularmente en Cataluña la xenofobia campa a sus anchas. Utilizado y probado como excelente recurso electoralista se activa y desactiva dependiendo de las necesidades del momento. Alicia Sánchez Camacho, la candidata del PP a la Generalitat,  ha aprobado un videojuego en el cual ella como protagonista se enfrentaba a todos los peligros que acechan a Cataluña: al independentismo, al despilfarro, al desempleo y, como  no, a la llamada inmigración ilegal. La rectificación posterior achacando a la empresa que diseñó el video juego la sustitución de "mafias" por "ilegales", no se la cree nadie.

La xenofobia, miedo animal de la horda primitiva, se repite como una constante a lo largo de la evolución de la especie. El rechazo al "intruso responsable de todos los males de la ciudad" según la expresión de Julia Kristeva, contiene la propuesta de su eliminación para pacificar al grupo. La correlación entre crisis del endogrupo y rechazo al exogrupo es alta.

Pero, frente a la pulsión xenofóbica, burda, elemental y estúpida,  la cultura humana ha ido desarrollando, como antídoto, la tolerancia y el respeto al Otro. En cada época histórica se expresa la lucha entre esa pulsión destructiva del vínculo social y la racionalidad integradora y tolerante que busca la articulación de lo diverso en lo común. El proyecto democrático pasa en la actualidad por reforzar la tolerancia, excepto con los intolerantes.

PD: En las elecciones catalanas del pasado domingo la xenófoba Plataforma per Catalunya no consigue escaños en el Parlamento pero saca 75.000 votos. Para ponerse a temblar.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Un tal Sostres

Nuestro primer candidato a la perplejidad es un tal Sostres. Habitante habitual de los basureros mediáticos de segunda o tercera división, ha tenido su minuto de gloría al decir más alto y más claro en un contexto semi privado lo que habitualmente dice alto y claro en contextos públicos.

Distingamos dos planos: el del individuo y el de su discurso. El tal Sostres es un personaje con ética de estercolero y comportamiento de basura orgánica no reciclable. Como discurso es afín al de esa nasusebunda ralea de comentaristas mediáticos que poco a poco han ido consolidadando medios de comunicación y tejiendo una red ideológica facistoide que domina el sentido común de la derecha española. Desde los márgenes de esta derecha y liderados por conversos de todo tipo, provenientes a la otrora digna izquierda de este país, personajes histriónicos, verborreicos y falsos han sabido disputar y ganar un espacio a la derecha oficial representada por el PP. Aunque ésta sigue aportando los votos ellos aportan la ideología y los exabruptos.

Desde sus tribunas en la prensa, la radio, la televisión e Internet han ido y emitiendo un discurso burdo, basado en un populismo de manual, discriminador de minorías, sexista y xenófobo pero eficaz para desarrollar una identidad cultural y política distintiva. El fascismo, ya se sabe, en el plano discursivo se basa en "decir aquello que todos piensan o sienten pero nadie se atreve a decir". Apoyados en este principio verbalizan y argumentan con lógica simplona, pero eficaz, lo que se supone que son las preocupaciones y sentimientos más recónditos de la ciudadanía. De vez en cuando se pasan de los límites razonables de lo irracional, como en el caso del tal Sostres, pero este exceso se mueve dentro de la normalidad del desborde. Todo está bajo control porque este discurso poco a poco se ha ido situando en el centro ideológico de la sociedad, es decir, en todas partes.