Nuestro primer candidato a la perplejidad es un tal Sostres. Habitante habitual de los basureros mediáticos de segunda o tercera división, ha tenido su minuto de gloría al decir más alto y más claro en un contexto semi privado lo que habitualmente dice alto y claro en contextos públicos.
Distingamos dos planos: el del individuo y el de su discurso. El tal Sostres es un personaje con ética de estercolero y comportamiento de basura orgánica no reciclable. Como discurso es afín al de esa nasusebunda ralea de comentaristas mediáticos que poco a poco han ido consolidadando medios de comunicación y tejiendo una red ideológica facistoide que domina el sentido común de la derecha española. Desde los márgenes de esta derecha y liderados por conversos de todo tipo, provenientes a la otrora digna izquierda de este país, personajes histriónicos, verborreicos y falsos han sabido disputar y ganar un espacio a la derecha oficial representada por el PP. Aunque ésta sigue aportando los votos ellos aportan la ideología y los exabruptos.
Desde sus tribunas en la prensa, la radio, la televisión e Internet han ido y emitiendo un discurso burdo, basado en un populismo de manual, discriminador de minorías, sexista y xenófobo pero eficaz para desarrollar una identidad cultural y política distintiva. El fascismo, ya se sabe, en el plano discursivo se basa en "decir aquello que todos piensan o sienten pero nadie se atreve a decir". Apoyados en este principio verbalizan y argumentan con lógica simplona, pero eficaz, lo que se supone que son las preocupaciones y sentimientos más recónditos de la ciudadanía. De vez en cuando se pasan de los límites razonables de lo irracional, como en el caso del tal Sostres, pero este exceso se mueve dentro de la normalidad del desborde. Todo está bajo control porque este discurso poco a poco se ha ido situando en el centro ideológico de la sociedad, es decir, en todas partes.
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