La última hormiga, ha estado aletargada durante varios meses. Causas varias, razones diversas. Y eso que los acontecimentos han seguido aconteciendo, valga la redundancia, y este insecto ha seguido, mal que mal, sobreviviendo. A duras penas, eso sí, todo hay que decirlo. Quizás a esta hormiga la realidad social al mismo tiempo le fascina y le excede, le preocupa y le da miedo; le inquieta y le cansa. Por eso, su deseo se debilita y otras "causas", en el sentido lacaniano, lo llevan de un lado a otro.
Una hormiga solitaria es una contradicción o por lo menos una paradoja con patas. Su libertad la gana a condición de una cierta marginalidad, una extrañeza y una perplejidad frente a lo que le rodea. Esto produce algo de lucidez y, al mismo tiempo, distancia frente a sus semejantes del hormigero. Las opciones exstenciales tienen lo que tienen y son lo que son.
Sea como sea, trataremos de iniciar algo así como una segunda época que durará lo que tenga que durar. El cuerpo, la mente y el deseo dirán.
“Muchas
veces me dan como ataques de ira por todo lo que se ha perdido. Otras
veces pienso que, a este mundo venimos sin nada, en pelotas y que hay
que seguir adelante”.
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