miércoles, 18 de mayo de 2011

¿La Primavera de Madrid? Crónicas perplejas (4)

El movimiento continúa y, como todos, se demuestra andando. Los pasos aquí son veloces. Los insubordinados se resisten a entregar una identidad única. Los nombres cambian a ritmo de twitter: Uno de los últimos,"yes we camp", demuestra humor a la vez que acierto descriptivo. Desde fuera los medios de comunicación y el poder político se incomodan con la variabilidad semántica en general y con la rotación de los portavoces en particular: necesitan crear líderazgos y figuras fijas. Tal es su condicionamiento mental.

Pero aquí está justamente la diferencia de lo que pasa. Los problemas de legibilidad externa del movimiento son una expresión más de la crisis de legibilidad global del sistema. La propia transparencia de las redes cibernéticas crea opacidades para la lectura externa. Ahora es el tiempo del sentido interno de los congregados que no rinden cuentas más que a su deseo.

Es un movimiento sin trayectoria definida porque su punto de partida no es el análisis ni la estrategia sino "el grito" (John Holloway) "En el principio es el grito. Nosotros gritamos. (...) Empezamos desde la negación, desde la disonancia. La disonancia puede tomar muchas formas: la de un murmullo inarticulado de descontento, la de lágrimas de frustración, la de un grito de furia, la de un rugido confiado. La de un desasosiego, una confusión un anhelo o una vibración crítica".

La función principal de este movimiento, si persevera y resiste, lejos de cualquier voluntad de conquista del poder, será la de un catalizador que favorezca la emergencia de lo ausente, de lo reprimido y de lo silenciado por la razón dominante y todas sus policías: las del cuerpo y las del espíritu. La catálisis sociopolítica y cultural que pueden estimular estos gestos de desobediencia civil debería generar la apertura y liberación de nuevos espacios y momentos de ilusión grupal, que sean, a su vez, el preámbulo de intervenciones, de otros sujetos, en toda la capilaridad social,. Más allá del centro físico y simbólico en el que se encuentran ahora.

Este no es un movimiento "antisistema", ya les gustaría a los que mandan, porque, en la actualidad, no es posible nada fuera del sistema. Son más bien implosiones desde los interticios del centro, en sus grietas, que descolocan al poder y que por eso vacila entre la comprensión, la asimilación y el disparo de pelotas de goma.

Cada día que pasa el poder se pone más inquieto. Hoy han prohibido la concentración. Veremos.


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