domingo, 9 de enero de 2011

DAKAR


No he estado nunca en África, espero estar cualquier día, mes o año de los que vienen. Después de todo está casi a tiro de piedra de Madrid. Además, según algunos, esto es el norte de África pero con un poco más de lluvia y bastante más euros. Tumbuctú, Sanzibar, Jartum, Alejandría, Dakar... han sido siempre nombres míticos, evocadores de caravanas, palacios, bandidos y guerreros;  referencias que la ignorancia propia mezcla sin respetar fronteras y culturas de pertenencia. Visión del colonizador, por supuesto, necesariamente generalista y torpe.

Durante años Dakar había recuperado presencia como punto final del recorrido de un rally que tenía su inicio en París, como tantas cosas lo tienen. París-Dakar se consolidó en el habla mediática casi como un sólo toponímo, fantasioso pero plausible. Evocaba desiertos, arenas, enormes distancias, aventuras y peligros. Y los había de verdad: Thierry Sabine, creador y organizador del evento, murió en un accidente de helicóptero mientras seguía el desarrollo de la carrera. Cerca de veinte participantes han muerto desde sus inicios. No se contabilizan los nativos muertos en las orillas de sus caminos rurales convertidos, de pronto y sin su consentimiento, en pistas de alta velocidad.

El nombre del rally nunca reflejó el recorrido verdadero; dependiendo de las necesidades de sus promotores comenzó en Granada o Lisboa y llegó a terminar en alguna de sus ediciones incluso en Ciudad de Cabo. Ahora, estirando al máximo sus referencias toponómicas, se desarrolla en la geografía chilena y argentina.

Pero, sea donde sea, esta absurda competición abre una herida en cada territorio que atraviesa. Concebida como negocio directo para sus organizadores, como una plataforma de promoción publicitaria y banco de pruebas para las marcas y como espectáculo para el público, es recibida con los brazos abiertos por las colonias y neocolonias del sur que ofrecen gustosas sus ciudades, ecosistemas y recursos para que los horaden las máquinas infernales del norte. La popularísima ex-presidenta Bachelet recibió alborozada la inclusión del territorio chileno dentro del recorrido del rally: "necesitamos tener competencias de este nivel, porque además de promover valores deportivos esenciales, también Chile puede ser conocido en muchos lugares, por los paisajes y bellezas realmente invaluables que tenemos como país, pero también por la calidez de nuestra gente, de nuestra capacidad organizativa, de nuestras ganas de ser parte importante de grandes competencias como ésta", dijo en su momento

Pero, pocas imágenes son más elocuentes que la avalancha de automóviles, camiones, motocicletas y squads penetrando con violencia y llevando sus ruidos, contaminación y desechos sobre territorios vírgenes. Una competición de este tipo se diseña como un sistema autónomo del sistema físico y cultural que lo acoge. Pocas imágenes resumen con mayor perfección la arrogancia, el desprecio y la absoluta despreocupación hacia el "paisaje", las "bellezas", "la calidez de nuestra gente" y hacia "su capacidad organizativa". Las externalidades, positivas o negativas, no están incluidas en sus cómputos. Pero sí lo están  las ingenuidades e ignorancias de sus anfitriones.

2 comentarios: