Radicalidad es un concepto de profundidad. Extremismo es un concepto de superficie. Ir a las raíces versus desplazarse entre extremos. Hay, por lo tanto, una ética de la radicalidad y una ética del extremismo. La primera señala las posibilidades, limitadas, de un camino nuevo: la segunda las probabilidades, altas, de un camino conocido.
Con la radicalidad iniciamos una crítica de lo existente, con el extremismo lo agotamos y volvemos al principio. Los extremos se tocan y se confunden. Las raíces sostienen las apuestas por lo diferente. Déficit de lucidez radical; superhábit de estupidez extremista. Faltan radicalidades y sobran extremismos.
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