jueves, 27 de enero de 2011

No olvidar Auschwitz

Hoy se cumplen 66 años de la liberación de Auschwitz por las tropas soviéticas. Conviene recordarlo porque el paso y el peso de los años tienden a hacernos olvidar los hechos incómodos. Y ya lo sabemos: ni el olvido ni el perdón deben guiar nuestra relación con el horror. Auschwitz no fué el único lager dentro de la industria de la muerte nazi, pero ha quedado como símbolo de esos tiempos infames. Innumerables veces se ha planteado la cuestión de si después de Auschwitz era posible la literatura, la filosofía o el arte indicando con eso la ruptura moral que representaba, para cualquier idea de humanidad, la barbarie de los campos de exterminio extendidos por toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial; campos que eran administrados con toda la racionalidad científica y tecnológica disponible en la Alemania de los años treinta y cuarenta.

Señalábamos en un anterior post que Primo Levi,  refiriéndose al nazismo, decía: "Ha sucedido y por consiguiente, puede volver a suceder; esto es en esencia lo que tenemos que decir". Encubierto bajo otros disfraces ideológicos la barbarie volvió a aparecer como "limpieza política" en Villa Grimaldi o en la Escuela de Mecánica de la Armada y como "limpieza étnica" en Srebrenica entre muchos otros escenarios de la tortura y la muerte planificada.

Jean Amery en Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?  se opone con fuerza a la idea de interpretar el período del Tercer Reich como algo excepcional, un aislado hecho histórico anormal en la civilizada europa. Esta interpretación alivia, dice Amery pero oculta lo esencial: su supervivencia en nuestros días y en los que vendrán. Afirma que "sería una ingenuidad imperdonable presuponer que las próximas generaciones no pudieran revivir dicho programa, purgado de su craso dilentatismo y revestido de un brillo y vocabulario científico". Y continúa: "la ideología hitleriana oculta una oferta de elementos de futuro al que no se atreve a enfrentarse ni el debate historiográfico actual ni los estamentos políticos de nuestro presente". Ya lo vemos en los brotes de ecofacismo como respuesta autoritaria a la crisis mediombiental que se avecina.

Tiene razón Amery cuando afirma que no se trata de la crítica corriente al neonazismo sino que de "una alerta mucho más fundamental que la que se refiere a esos rasurados cerveceros con botas de paracaidistas. Se trata de una cuestión de principos". No olvidar Auschwitz debería ser un consigna democrática urgente.

jueves, 20 de enero de 2011

Las luces que a lo lejos

Sobre los tenues recuerdos de la casa de la infancia se superponen sonidos y letras de tangos. Canciones a la vez entrañables y extrañas: sentimientos intensos expresados en el habla porteña y lunfarda de principios del siglo veinte. Palabras no siempre comprensibles ("percanta que me amuraste") pero sin duda capaces, en conjunto, de transmitir verdades para quien las quiera oir y sentir. El tango se entiende aunque no se comprenda del todo: su particularismo arrabalero se hizo universal.

¿Qué emociona en el tango? Probablemente la desnudez de las heridas por las derrotas del amor, presente en una gran proporción de sus textos. Heridas de hombre adulto con mucho pasado y pocas esperanzas, viriles las más de las veces y machistas en muchas otras, presentadas sin tapujos ni concesiones al pudor. ("Y yo me hice en tangos/porque...¡porque el tango es macho!/ ¡porque el tango es fuerte!/tiene olor a vida/tiene gusto...a muerte/porque quise mucho y porque me engañaron/y pasé la vida masticando sueños").

La palabra tanguera se abre a todos los registros: es traición y abandono ("Es la última farra de mi vida, muchachos que se va.../mejor dicho se ha ido tras de aquella/que no supo mi amor nunca apreciar"); nostalgia ("Caminito que el tiempo ha borrado/que juntos un día nos viste pasar/he venido por última vez/ he venido a contarte mi mal"); arrepentimiento ("Sus ojos se cerraron.. y el mundo sigue andando/su boca que era mía/ya no me besa más"); evocación ("Viejo barrio../perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón"); descripción del paso de los años ("las nieves del tiempo platearon mi sien"). Tampoco falta la crítica social, más nihilista y desilusionada que utópica, eso sí , ("Que el mundo fue y será una porquería" o "Verás que todo es mentira/verás que nada es amor/que al mundo nada le importa.../¡Yira...Yira...)

El tango nació marginal y muchas veces pendenciero, como casi todas las buenas expresiones artísticas, pero se lanzó sin complejos a cuestionamentos existenciales perennes ("La vida es una herida absurda/y es todo tan fugaz"). Mixtura social en el Buenos Aires inmigrante, tuvo en Gardel su profeta y en Piazzola su maravilloso hereje. Probablemente nunca más será pasión de mayorías pero quedará en la memoria colectiva como inventario de las posibilidades de los sentimientos.


Ver: "La última curda", con música de Anibal Troilo y letra de Cátulo Castillo, en honesta versión de Willy Oddó con Julio Cortazar entre el emocionado público parisino. 

martes, 18 de enero de 2011

El fascismo ante nuestros ojos

Europa lleva varios años coqueteando con el neofascismo. Pero los signos apuntan a una relación cada vez más estable. El coqueteo con el fascismo original de los años treinta terminó en boda. En los últimos tiempos la mayoría de los países europeos se han consolidado variantes más menos maquilladas y presentables de esta estirpe de cavernícolas. La xenofobia es su arma discursiva más visible, pero el coktail de la intolerancia incluye también el antisindicalismo, el antiprogresismo, el revisionismo histórico y otras perlas cuidadosamente cultivadas.

La crisis de la izquierda como referente ético y utópico ha dejado un espacio vacío que ahora ocupa el oportunismo, la demagogia y el populismo fascistoide que se siente cargado de razones. En España han consolidado una plataforma mediática (Interconomía, La Gaceta, Libertad Digital etc.) que sin prisas pero sin pausas ha logrado penetrar y contaminar el sentido común de la ciudadanía con un eficaz discurso del odio. A propósito de los recientes y confusos actos vandálicos en Salt, Cataluña, en un foro de Internet, expresión ahora de la desembozada y general xenofobia y particular islamofobia, alguien escribió: "Los inmigrantes venidos de países tercermundistas solo aportan paro, pobreza y delincuencia. Los países de origen de esta gente son auténticos estercoleros por la gente que allí habita. Al permitirles venir a nuestro país lo que hemos hecho ha sido permitir que entre el tercermundismo en casa. LOS POLÍTICOS SON LOS CULPABLES. Mi voto será para eso que llaman extrema derecha".

En Francia la dinastía Le Pen prepara su enésimo asalto al poder, esta vez con la rubia Marine aclamada con clásicos gritos de "tercera vía": ¡Ni derecha ni izquierda: Frente Nacional! reivindicando su madurez política y defendiendo un programa que incluye la protección social y la defensa de la... ¡biodiversidad!

Primo Levi, lúcido y trágico superviviente de Auschwitz, refiriéndose al nazismo decía: "Ha sucedido y por consiguiente, puede volver a suceder; esto es en escencia lo que tenemos que decir".

lunes, 10 de enero de 2011

Verano

El aburrídísimo fin de año propicia las lecturas atrasadas. El limbo existencial provocado por los fastos del consumismo no deja muchas alternativas. Me zampo, entonces, Verano de J. Coetzee casi en una noche (Josepepe ya había comentado el libro en el momento de su lanzamiento). Aquí Coetzee riza el rizo de la técnica autobiográfica. Jugando con la verdad y la verosimilitud, escribe una entretenida ficción solipsista fuera del tiempo (el escritor ya está muerto) y hablada por otros. Elige el punto de vista documental de un biógrafo que decide revisar una etapa concreta de la vida del escritor, mediante entrevistas a algunos de los que lo conocieron. Estos, principalmente mujeres, explicitan sin misericordia su visión del personaje. Son miradas, la mayoría de ellas, descarnadas, en ocasiones crueles, pero siempre sinceras sobre un Coetzee que no ofrece resistencia sino que, por el contrario, promueve el retrato de vulgaridad desnuda con el que se presenta al lector. Exhibicionismo literario de alto vuelo.

El trasfondo, como en casi todas sus novelas, es la Sudáfrica racista y provinciana (¿será lo segundo causa de lo primero?) cuya historia en los últimos cincuenta años determinarán en gran medida la disyuntivas existenciales del escritor. Una prosa minuciosa dibuja con pulcritud los contornos de la sinrazón racista entretejida con los avatares de un individuo distanciado de todo y, por supuesto, de él mismo. Reflexión sobre los sentimientos, sobre la libertad de elección, la infidelidad,  la distancia persona/personaje... es decir, sobre la verdad en las relaciones humanas. Altamente recomendable, incluso para acompañar el insomnio.

domingo, 9 de enero de 2011

DAKAR


No he estado nunca en África, espero estar cualquier día, mes o año de los que vienen. Después de todo está casi a tiro de piedra de Madrid. Además, según algunos, esto es el norte de África pero con un poco más de lluvia y bastante más euros. Tumbuctú, Sanzibar, Jartum, Alejandría, Dakar... han sido siempre nombres míticos, evocadores de caravanas, palacios, bandidos y guerreros;  referencias que la ignorancia propia mezcla sin respetar fronteras y culturas de pertenencia. Visión del colonizador, por supuesto, necesariamente generalista y torpe.

Durante años Dakar había recuperado presencia como punto final del recorrido de un rally que tenía su inicio en París, como tantas cosas lo tienen. París-Dakar se consolidó en el habla mediática casi como un sólo toponímo, fantasioso pero plausible. Evocaba desiertos, arenas, enormes distancias, aventuras y peligros. Y los había de verdad: Thierry Sabine, creador y organizador del evento, murió en un accidente de helicóptero mientras seguía el desarrollo de la carrera. Cerca de veinte participantes han muerto desde sus inicios. No se contabilizan los nativos muertos en las orillas de sus caminos rurales convertidos, de pronto y sin su consentimiento, en pistas de alta velocidad.

El nombre del rally nunca reflejó el recorrido verdadero; dependiendo de las necesidades de sus promotores comenzó en Granada o Lisboa y llegó a terminar en alguna de sus ediciones incluso en Ciudad de Cabo. Ahora, estirando al máximo sus referencias toponómicas, se desarrolla en la geografía chilena y argentina.

Pero, sea donde sea, esta absurda competición abre una herida en cada territorio que atraviesa. Concebida como negocio directo para sus organizadores, como una plataforma de promoción publicitaria y banco de pruebas para las marcas y como espectáculo para el público, es recibida con los brazos abiertos por las colonias y neocolonias del sur que ofrecen gustosas sus ciudades, ecosistemas y recursos para que los horaden las máquinas infernales del norte. La popularísima ex-presidenta Bachelet recibió alborozada la inclusión del territorio chileno dentro del recorrido del rally: "necesitamos tener competencias de este nivel, porque además de promover valores deportivos esenciales, también Chile puede ser conocido en muchos lugares, por los paisajes y bellezas realmente invaluables que tenemos como país, pero también por la calidez de nuestra gente, de nuestra capacidad organizativa, de nuestras ganas de ser parte importante de grandes competencias como ésta", dijo en su momento

Pero, pocas imágenes son más elocuentes que la avalancha de automóviles, camiones, motocicletas y squads penetrando con violencia y llevando sus ruidos, contaminación y desechos sobre territorios vírgenes. Una competición de este tipo se diseña como un sistema autónomo del sistema físico y cultural que lo acoge. Pocas imágenes resumen con mayor perfección la arrogancia, el desprecio y la absoluta despreocupación hacia el "paisaje", las "bellezas", "la calidez de nuestra gente" y hacia "su capacidad organizativa". Las externalidades, positivas o negativas, no están incluidas en sus cómputos. Pero sí lo están  las ingenuidades e ignorancias de sus anfitriones.

sábado, 1 de enero de 2011

Radicalidad

Radicalidad es un concepto de profundidad. Extremismo es un concepto de superficie. Ir a las raíces versus desplazarse entre extremos. Hay, por lo tanto, una ética de la radicalidad y una ética del extremismo. La primera señala las posibilidades, limitadas, de un camino nuevo: la segunda las probabilidades, altas, de un camino conocido.

Con la radicalidad iniciamos una crítica de lo existente, con el extremismo lo agotamos y volvemos al principio. Los extremos se tocan y se confunden. Las raíces sostienen las apuestas por lo diferente. Déficit de lucidez radical; superhábit de estupidez extremista. Faltan radicalidades y sobran extremismos.