jueves, 20 de enero de 2011

Las luces que a lo lejos

Sobre los tenues recuerdos de la casa de la infancia se superponen sonidos y letras de tangos. Canciones a la vez entrañables y extrañas: sentimientos intensos expresados en el habla porteña y lunfarda de principios del siglo veinte. Palabras no siempre comprensibles ("percanta que me amuraste") pero sin duda capaces, en conjunto, de transmitir verdades para quien las quiera oir y sentir. El tango se entiende aunque no se comprenda del todo: su particularismo arrabalero se hizo universal.

¿Qué emociona en el tango? Probablemente la desnudez de las heridas por las derrotas del amor, presente en una gran proporción de sus textos. Heridas de hombre adulto con mucho pasado y pocas esperanzas, viriles las más de las veces y machistas en muchas otras, presentadas sin tapujos ni concesiones al pudor. ("Y yo me hice en tangos/porque...¡porque el tango es macho!/ ¡porque el tango es fuerte!/tiene olor a vida/tiene gusto...a muerte/porque quise mucho y porque me engañaron/y pasé la vida masticando sueños").

La palabra tanguera se abre a todos los registros: es traición y abandono ("Es la última farra de mi vida, muchachos que se va.../mejor dicho se ha ido tras de aquella/que no supo mi amor nunca apreciar"); nostalgia ("Caminito que el tiempo ha borrado/que juntos un día nos viste pasar/he venido por última vez/ he venido a contarte mi mal"); arrepentimiento ("Sus ojos se cerraron.. y el mundo sigue andando/su boca que era mía/ya no me besa más"); evocación ("Viejo barrio../perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón"); descripción del paso de los años ("las nieves del tiempo platearon mi sien"). Tampoco falta la crítica social, más nihilista y desilusionada que utópica, eso sí , ("Que el mundo fue y será una porquería" o "Verás que todo es mentira/verás que nada es amor/que al mundo nada le importa.../¡Yira...Yira...)

El tango nació marginal y muchas veces pendenciero, como casi todas las buenas expresiones artísticas, pero se lanzó sin complejos a cuestionamentos existenciales perennes ("La vida es una herida absurda/y es todo tan fugaz"). Mixtura social en el Buenos Aires inmigrante, tuvo en Gardel su profeta y en Piazzola su maravilloso hereje. Probablemente nunca más será pasión de mayorías pero quedará en la memoria colectiva como inventario de las posibilidades de los sentimientos.


Ver: "La última curda", con música de Anibal Troilo y letra de Cátulo Castillo, en honesta versión de Willy Oddó con Julio Cortazar entre el emocionado público parisino. 

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