jueves, 26 de mayo de 2011

¿La Primavera de Madrid? Crónicas perplejas (9)


Pasear entre la diversidad social produce una sensación extraña. Uno no está acostumbrado a ver, oler y sentir las mil caras de la diferencia entre los seres humanos. Eso es lo que sucede al deambular por la Puerta del Sol ahora que la disminución de los excesos multitudinarios lo permiten. Bajo los plásticos bulle una pequeña ciudad-bazar, atiborrada y aparentemente caótica pero que no vende nada; al contrario, todo lo regala en cientos de gestos de apoyo mutuo y cooperación horizontal. Información es uno de los bienes más intercambiados pero también alimentos, masajes, espiritualidad, cuidado de niños...

Estos desarrapados han iniciado un proceso de liberación de la palabra y han llenado calles y las plazas de los centros urbanos con los signos de la rebeldía. Quieren ahora hacer el camino de vuelta y agitar las mentes y los cuerpos en las periferias, los barrios y los pueblos, llenándolos con asambleas.

El ágora-bazar, de creación espontánea, horizontal y reticular respira a su propio ritmo, fuera del tiempo y del espacio oficial. No ha sido diseñada por nadie y lo ha sido por todos en horas intensas de debate y trabajo concreto, pacífico. Triunfo de la razón altruista sobre la egoísta. Triunfo momentáneo y precario, sin duda. Sol es una pequeña isla de confraternidad en un océano de individualismo y competencia. Una zona liberada en territorio enemigo.

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