Ahora que en el Medio Oriente la demanda democrática se ha extendido de manera imprevisible, cuestionando poderes y sentidos comunes, la inmolación de Jan Palach motivada por la represión del movimiento de masas que se denominó posteriormente “primavera de Praga”, merece ser recordada. El llamado “suicidio a lo bonzo”, llamado así desde la inmolación de Thich Quang Duc, monje budista vietnamita en 1963, como gesto religioso y político revivió en Túnez y en Argelia funcionando como chispa que encendió la mecha de las revueltas.
El “socialismo real” fue una invención dogmática, mediocre y trágica de la cual poco o nada ha quedado para las generaciones actuales. Un mundo paralelo que pasó por la historia de la humanidad con muchísimas más penas que glorias, manchando y comprometiendo el proyecto utópico del siglo veinte para después entregarse sin asco a la restauración capitalista. No fue, sin embargo, un mundo totalmente desierto porque siempre existieron personas y colectivos que pensaron y actuaron a contracorriente de la miseria estalinista. Jan Palach estuvo entre ellos.
La inmolación es un sacrificio individual, solitario, extremo y brutal que busca remover conciencias y estimular a la indignación para que se convierta en movilización colectiva. La mayoría de las veces no lo consiguen y quedan sólo como un incómodo recodatorio a la vez de la impotencia y de la valentía de los oprimidos. Probablemente muestran también el límite de la ética política: la soledad del inmolado y su dolor.
sábado, 19 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
Requiem por Fukushima
Decía Serge Latouche que "desarollo" es una palabra tóxica. Ahora habría que agregar que "desarrollo a través de la energía nuclear" no es sólo tóxico sino explícita y directamente genocida. Probablemente Fukushima pasará a la historia, si es que logramos tener un poco más de historia, como el primer genocidio transmitido en directo; el primer genocidio tecnológico de lo que nos queda de futuro que, visto lo visto, parece que no es mucho.
El lobby nuclear y el sentido común de los súbditos del sistema intenta desesperadamente reducir lo sucedido a un accidente, a algo eventual, es decir, raro. Su discurso se basa en la poca probabilidad de ocurrencia dada las sofisticadas medidas de seguridad que tienen las centrales nucleares en el mundo y ponen como argumento el hecho de que, en Japón, todas las demás resistieron el terremoto y su posterior ola destructiva. Pero si bien los japones no lo inventaron le pusieron nombre a un fenómeno escaso pero posible: tsunami. Aún así, contruyeron su derrochadora sociedad sobre un territorio movedizo como pocos, confiando en su capacidad de control tecnológico de los fenómenos naturales.
La energía nuclear no forma parte del "curso natural" del desarrollo socioeconómico: como todas, representa decisiones contingentes condicionadas por los intereses de quienes, en cada momento histórico, han tenido la sartén por el mango. La opción no está entre petroleo escaso y energía nuclear "limpia", aunque riesgosa, sino entre una sociedad despilfarradora, contaminante y agresiva y una sociedad austera, respetuosa con el medio ambiente y convivencial. La batalla es contra la fe tecnofílica que oscurece lo que le queda de razón a este bípedo arrogante que ha construido una civilización suicida.
El lobby nuclear y el sentido común de los súbditos del sistema intenta desesperadamente reducir lo sucedido a un accidente, a algo eventual, es decir, raro. Su discurso se basa en la poca probabilidad de ocurrencia dada las sofisticadas medidas de seguridad que tienen las centrales nucleares en el mundo y ponen como argumento el hecho de que, en Japón, todas las demás resistieron el terremoto y su posterior ola destructiva. Pero si bien los japones no lo inventaron le pusieron nombre a un fenómeno escaso pero posible: tsunami. Aún así, contruyeron su derrochadora sociedad sobre un territorio movedizo como pocos, confiando en su capacidad de control tecnológico de los fenómenos naturales.
La energía nuclear no forma parte del "curso natural" del desarrollo socioeconómico: como todas, representa decisiones contingentes condicionadas por los intereses de quienes, en cada momento histórico, han tenido la sartén por el mango. La opción no está entre petroleo escaso y energía nuclear "limpia", aunque riesgosa, sino entre una sociedad despilfarradora, contaminante y agresiva y una sociedad austera, respetuosa con el medio ambiente y convivencial. La batalla es contra la fe tecnofílica que oscurece lo que le queda de razón a este bípedo arrogante que ha construido una civilización suicida.
domingo, 13 de marzo de 2011
No somos nada
Que "no somos nada" está claro por lo menos desde que a la humanidad se le ocurrió sintetizar en frases como ésta su debilitada autoimagen. Los letristas de tangos hicieron orfebrería en este campo. Pero en pocas ocasiones tenemos la oportunidad de verificar con la simple realidad nuestra condición de peleles. Al bípedo arrogante, que no ha parado de destruirla, de vez en cuando la naturaleza se le encabrita y muestra su verdadero poder. La asimetría es total. Japón se retuerce de dolor después del terremoto y el tsunami: su poder económico, científico y tecnológico y su cultura de la prevención no han podido evitar la catástrofe.
A la provocada directamente por el movimiento sísmico se añade la que late en las entrañas del reactor de Fukushima dispuesto a extender su veneno radiactivo a la atmósfera. Jugar a la omnipotencia siempre le ha salido mal al bípedo de marras: torpe y cortoplacista creyó poder controlar la energía para alimentar su voracidad infinita. Pero la energía atómica, réplica de la energía del Sol, es un juego para mayores de edad y para los dioses.
A la provocada directamente por el movimiento sísmico se añade la que late en las entrañas del reactor de Fukushima dispuesto a extender su veneno radiactivo a la atmósfera. Jugar a la omnipotencia siempre le ha salido mal al bípedo de marras: torpe y cortoplacista creyó poder controlar la energía para alimentar su voracidad infinita. Pero la energía atómica, réplica de la energía del Sol, es un juego para mayores de edad y para los dioses.
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sábado, 5 de marzo de 2011
Google y la realidad
La realidad no es cosa fácil de encontrar, sobre todo en el ciberespacio.Google nos ha convencido de que puede hacerlo para nosotros, click mediante, "en tiempo real". Pero Google crea la realidad, no la encuentra. Ahora ha cambiado la realidad de algunas empresas ("granjas de contenidos") que pensaban que existían realmente en la realidad de manera real... "Una granja de contenidos, Mahalo, ha anunciado el despido del 10% de la plantilla después de que sus visitas provenientes del buscador cayeran un 80% al ser penalizado en la lista de resultados", dice la prensa. Un modificación de sus endiablados algoritmos puede cambiar una buena ubicación en su listado de búsquedas. Y, ya se sabe, estar bien "posicionado" en Google "supone más visitas y una mayor entrada de publicidad para el sitio".
En el lento y cómodo mundo off line en el que vivíamos antes, salíamos de la realidad física cuando moríamos o de la realidad social cuando nos marchábamos como anacoretas a una cueva en la montaña. Ahora nuestra salida o entrada depende de caprichosas fórmulas matemáticas ideadas por los muy listos chicos de Google. Servidor prefiere la cueva en la montaña.
En el lento y cómodo mundo off line en el que vivíamos antes, salíamos de la realidad física cuando moríamos o de la realidad social cuando nos marchábamos como anacoretas a una cueva en la montaña. Ahora nuestra salida o entrada depende de caprichosas fórmulas matemáticas ideadas por los muy listos chicos de Google. Servidor prefiere la cueva en la montaña.
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