"La rebeldía de hoy no necesita filósofos", afirmó Rudiger Safransky, hace unos días en Madrid. Es cierto, detrás de las manifestaciones de los participantes de los sucesos del 15-M, sus acciones y sus discursos no se puede distinguir una teoría, un sistema de pensamiento más menos exclusivo y mucho menos "único". No hay un ni un Marx, ni un Lénin, ni un Marcuse ni un Mao ni nada de nada. Ni falta que hace, por ahora.
No hay líderes y ni teoría única que avale los movimientos del movimiento realizados a velocidad de Facebook. Es decir, en tiempo real o irreal, quien sabe. Y esto se lo pone difícil a los codificadores externos e internos. A los externos les hacen falta líderes y teorías para demonizar y a los internos para controlar.
Probablemente estemos en el grado cero de la revolución, es decir, en el nivel del establecimiento de sus condiciones de posibilidad, nada más, y nada menos. Probablemente es sólo el cambio del sustrato social e ideológico necesario para que otros, en otro momento cambien lo que haya que cambiar. Probablemente la mayor práctica histórica anarquista conocida sin ser anarquista. Probablemente.
No hay líderes y ni teoría única que avale los movimientos del movimiento realizados a velocidad de Facebook. Es decir, en tiempo real o irreal, quien sabe. Y esto se lo pone difícil a los codificadores externos e internos. A los externos les hacen falta líderes y teorías para demonizar y a los internos para controlar.
Probablemente estemos en el grado cero de la revolución, es decir, en el nivel del establecimiento de sus condiciones de posibilidad, nada más, y nada menos. Probablemente es sólo el cambio del sustrato social e ideológico necesario para que otros, en otro momento cambien lo que haya que cambiar. Probablemente la mayor práctica histórica anarquista conocida sin ser anarquista. Probablemente.
